Cuarenta mil

Tenemos alrededor de 40,000 muertes relacionadas con el crimen organizado, lo que, desde cualquier ángulo que se le mire, es inaceptable para una política de “seguridad nacional”.

Y lo peor: esta lucha, guerra, combate contra el crimen organizado no termina, y no lo hará hasta que… ¿hasta qué? ¿Hasta que se acabe el crimen? ¿Hasta que no haya un solo mexicano más? Eso aún no queda claro, pero de que no se terminará hoy, ni mañana, ni en unos años, no hay duda.

Salir a las calles a protestar, a pedir un alto a la carnicería que se está dando en todo el país, porque es literalmente una carnicería, cada vez los asesinatos están llenos de más “saña”, muestra el hartazgo de la sociedad, una sociedad rota, no descosida, que no necesita remiendos, necesita reformularse, pues el problema es medular, no superficial.

Cuando nos recuerdan que hay que “reconstruir el tejido social”, surgen preguntas importantes: ¿cuándo y cómo fue que se destruyó? ¿Teníamos tejido social antes de la guerra contra el narco? ¿Debemos volver a ese tejido social de antaño? ¿Es que acaso ese mismo tejido no fue el que fecundó los actuales problemas que tenemos?

Sé que con esa expresión hablan de la unión, la cohesión social, de una estructura en la que nos preocupemos por el otro, de cooperación, pero también sé sobradamente que eso, en este capitalismo salvaje, es una utopía imposible de alcanzar. No digo que no exista la buena voluntad, pero no se trata sólo de eso, como dije antes, el problema es medular y la solución también debe ser medular, en la estructura, en la forma social en que producimos y consumimos.

Pero por nungún lado observamos un cambio en este sentido. Por ejemplo, los medios de comunicación más populares decidieron autocensurarse en la cuestión de la violencia. No es algo para asombrarse, a menudo estos medios lo hacen en muchos temas de interés social, y el hecho de no pronunciar lo que sucede no propiciará a que deje de suceder. Este acto, a todas luces político, no contribuirá a “reconstruir el tejido social”, muy al contrario, terminará desquebrajándolo más, pues nos alejará de la realidad diaría de muchos miles de mexicanos, quitándonos bases para movilizaciones contundentes como la actual marcha por la paz.

Sin embargo, a pesar de las corrientes y condiciones adversas a la construcción de un nuevo tejido social, no debemos dejar de desearlo, de luchar por ello, pues aunque es una utopía, nos servirá para caminar.

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~ por lamentamentala en mayo 9, 2011.

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