Lujambio y el ¿Bicentenario?
Los cuestionamientos que algunos sectores de la población han hecho a los festejos del Bicentenario de la independencia y el Centenario de la revolución ya son objeto de descalificaciones por parte del Secretario de Educación Pública. El señor Lujambio sentencia que aquellos que se preguntan los motivos del magno festejo pecan de mezquinos.
Desde mi punto de vista ya es cuestionable que se festejen la independencia y la revolución de México año tras año, pues en realidad no se han ganado estas batallas desde la perspectiva del pueblo. Simplemente se ha cambiado de dueño, de explotador.
Pero lo que más me incomoda como una mezquina cuestionadora de estos festejos es el derroche en cosas superfluas. Lo verdaderamente esencial sigue intacto, seguimos viviendo en la impunidad y la corrupción, se siguen dividiendo al país los grandes consorcios, ya no nacionales, sino internacionales, la educación no avanza y seguimos empobreciendo al pueblo en general sin olvidar la marginación de los descendientes de los verdaderos revolucionarios: los indígenas.
Para Lujambio esta es una oportunidad de “festejar nuestra existencia, nuestro ser, nuestra cultura”, pero se olvida de que poco a poco vamos eliminando las raíces mexicanas, nos vamos volviendo más gringos y pronto acabaremos con lo que nos queda de país de seguir con su lucha contra el narco y con la explotación desmedida a los recursos naturales, incluyendo al ser humano.
¿Que le teme a los reclamos de generaciones futuras por no festejar el Bicentenario? Yo opino que el reclamo más duro que podrían hacer, y que de hecho ya hacen muchos chavos hoy, es el de dejarles un país hecho mierda, un país sin oportunidades de desarrollo, sin oportunidades de vida, que les dejemos lo que tenemos justo ahora.
Esa es la auténtica mezquindad, señor Lujambio, que los de arriba de siempre se queden con la riqueza del país mientras los de abajo se mueren de hambre o de frío. El auténtico desperdicio es toda esa parafernalia en los festejos y la pretensiosa ceremonia que seguramente harán, mientras dejan que la educación del pueblo se vaya por un hoyo.
